Cada vez se hace más patente la insuficiencia de la política monetaria

as recientes declaraciones del vicepresidente de la Fed, Stanley Fischer, afirmando que los cuatro principales factores que están provocando que los tipos de interés se mantengan en niveles reducidos son el bajo crecimiento, la evolución demográfica, menores niveles de inversión y ralentización del crecimiento exterior, hace que las actas de la última reunión del FOMC del 21 septiembre cobren más interés de las que habitualmente tienen, al reflejar no solo por un aumento significativo de las opiniones a favor de subir los tipos oficiales en EEUU, sino también por la existencia de un debate intenso en torno a cómo interpretar la dinámica que subyace a las variables que definen sus objetivos, la tasa de paro y la inflación.
El propio Fischer aboga por la idea de que hacen falta nuevas medidas que incentiven la inversión privada, mejoren las infraestructuras y la educación y proporcionen un marco regulatorio más eficiente que generaren mayores niveles de productividad y crecimiento, lo que sugiere que no sólo el BCE sino también la Fed, salvando las diferencias, reclama una política fiscal más expansiva que complemente a la política monetaria acomodaticia que los bancos centrales han venido aplicando hasta ahora.
Tanto las palabras de Fischer como de Draghi, así como las actas de la Fed y del BCE coinciden en poner de manifiesto un hecho especialmente relevante: el agotamiento de las políticas monetarias que coincide con el hecho de que la recuperación de la economía está siendo prolongada en el tiempo, pues se ha entrado en el octavo año de expansión en EEUU, aunque de baja intensidad (2% de media frente al 2,7% y el 3,5% en los dos ciclos expansivos previos).
El crecimiento económico de la Eurozona, por su parte, según datos de Eurostat, superaba al finalizar el primer trimestre los registros de los primeros meses de 2008, antes de que el núcleo de la economía europea cayera en dos recesiones abrumadoras. España, por su parte, ha recuperado igualmente el nivel de 2008.
Aunque las diferencias entre las economía norteamericana y de la Eurozona son sensibles en todos y cada uno de las elementos evaluables, sí existe coincidencia en la necesidad de buscar mecanismos que fortalezcan el frágil, poco vigoroso y dependiente crecimiento de sus respectivas economías, demasiado dependiente de un dinero barato.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *