Ni la economía de EEUU ni las del Eurogrupo permiten aventurar una nueva recesión

El mundo económico está profundamente dividido sobre si nos enfrentamos o no a una nueva recesión y unos y otros manejan suficientes y sólidos argumentos como para que las dudas sobre este asunto sean disipadas con facilidad.
No se oculta, en ningún caso, que aunque hay datos que avalan un cierto riesgo de recesión, siempre basados en China y en los emergentes, no es menos cierto que los fundamentos económicos en los países desarrollados son sólidos y no se han generado excesos en la economía (ni calentamiento ni apalancamiento) cuya corrección se perciba como inminente. Sigue leyendo

En la actual guerra mundial de divisas, el euro lleva la peor parte

El llamamiento del G-20 contra la interferencia de gobiernos y bancos centrales sobre los mercados de cambio pudo servir para contener la revalorización del euro, pero pregonaba la vulnerabilidad de la moneda única europea en una “guerra de divisas” que, pese a tratar de edulcorarla, es la máxima expresión de que la batalla a nivel global por conseguir un tipo de cambio más favorable para el crecimiento, se libra en todo los escenarios, y en ese teatro de operaciones, el euro es una de las divisas que se encuentra en una posición más endeble. Sigue leyendo

G20: Grecia dejó sin contenido la agenda originaria de la cumbre

Pese a que el G20 se había convocado para tratar de aportar soluciones a la crisis europea, la convocatoria del referéndum en Grecia, posteriormente retirado y la incertidumbre sobre la continuidad de Papandreu, dejaron en un segundo plano la agenda original de la cumbre. La reunión del G-20 se vio contaminada por la crisis política griega y las agendas, pese a los avances experimentados, mantienen incólumes sus prioridades como apoyar el crecimiento, atajar los desequilibrios macroeconómicos globales e implementar la agenda de reformas financieras. Sigue leyendo

Cuando los “gurús” no pueden estar callados

Terminar la cumbre londinense del G20 y comenzar una localizable sinfonía de voces críticas contra los acuerdos alcanzados por los allí reunidos por considerarlos irrelevantes, en unos casos, o insuficientes en otros, fue todo uno. Los “gurus” demuestran, una vez más, que les resulta difícil pasar a un segundo plano y necesitan irremediablemente su cuota de protagonismo. Pese a ellos, las voces favorables han sido mayoría.
Con dos semanas de distancia y pese a ciertos “gurus” de la economía, pocos son los que albergan dudas de que el G20 se cerró con éxito, al menos si se compara con las expectativas dominantes y con la decepcionante reunión de noviembre. En primer lugar, los participantes dieron una imagen de unidad, dejando en un segundo plano sus diferencias, un aspecto muy importante de cara a infundir confianza. En segundo lugar, el foro de discusión y las líneas de reforma del Fondo Monetario Internacional comienzan a poner en su sitio a los nuevos actores de la escena internacional (Brasil, China e India). En tercer lugar, se ha esbozado un nuevo orden financiero internacional, que habrá de dar lugar a un sistema más estable, con mejoras en la regulación y la supervisión, sin poner trabas a que el sector financiero desarrolle su papel, esencial para lograr un crecimiento económico. Por último, se han concretado algunas iniciativas para aliviar la crisis actual, por un total de 1,1 billones de dólares, a través de la dotación de recursos para el crédito comercial, la ampliación de recursos del FMI, la emisión de derechos especiales de giro por otros y el apoyo a los países de renta más baja.
Por supuesto quedan asuntos pendientes y no ha habido acuerdo para un nuevo impulso fiscal coordinado ni tampoco iniciativas comunes para limpiar los balances de la banca. El acuerdo del G20 tampoco nos va a sacar por sí solo de la recesión, pero es un paso más.