Profundas diferencias regionales en el movimiento de los mercados mundiales

En la primera mitad del mes de octubre, los mercados financieros sufrieron un episodio de incremento generalizado de las volatilidades en los distintos tipos de activos (bolsa, tipos de interés, divisas y materias primas) y un descenso de los precios de los activos con mayor riesgo (bolsa, bonos corporativos y bonos de países emergentes), cuyo detonante fue, fundamentalmente, la revisión de las previsiones del crecimiento global.
Las volatilidades se han corregido desde entonces, aunque sin recuperar los niveles previos a la sacudida, y en algunos ámbitos menos que otros, como es el caso del petróleo. Esta resistencia a la baja de la volatilidad del petróleo se entiende teniendo en cuenta la brusca caída que ha sufrido su cotización internacional (un 30% desde junio), en un contexto en el que las menores previsiones de demanda han acentuado el exceso de oferta, y Arabia Saudita, principal productor de la OPEP, está asistiendo de manera pasiva al descenso de los precios, lo que hace que se considere poco probable que la OPEP rebaje su objetivo de producción en la reunión del 27 de noviembre.
El repliegue en las volatilidades se enmarca en un contexto en el que los mercados se han sentido confortados por la solidez que sigue manifestando la economía estadounidense. Adicionalmente, el descenso de los precios del petróleo se percibe como un factor favorable a medio plazo para las expectativas de crecimiento global.
Con este trasfondo, las bolsas ha dibujado un rebote desde mediados de octubre, que no ha sido homogéneo, sino que se aprecian profundas diferencias regionales, que están vinculadas con los factores propios de cada área. De esta manera, las bolsas en los países desarrollados han tenido un mejor comportamiento relativo que las bolsas en los países emergentes, en las que la mejora ha sido más tentativa.
En los países desarrollados, destaca el tirón que ha reflejado la bolsa nipona, a pesar de que la economía ha entrado en recesión técnica, dado que el PIB cayó un 0,4% en el tercer trimestre de 2014, una bajada que se añade al descenso del 1,9% del segundo trimestre. La renta variable japonesa se ha beneficiado del anuncio del Banco de Japón de incrementar su expansión cuantitativa desde 60-70 billones de yenes al año hasta 80 billones anuales a través de una ampliación de su programa de compra de activos.
En EEUU, tras el bache de la primera mitad de octubre, la bolsa se ha alzado hasta nuevos máximos, ante el buen tono que sigue evidenciando la economía (el PIB en el 3T14 creció un 3,5% trimestral anualizado). La Fed ha dado por finalizada la QE (aunque mantiene la reinversión de cupones y principal), pero el mercado mantiene una visión complaciente acerca del timing y la intensidad de las subidas de los tipos de interés, de manera que la senda que se anticipa queda por debajo de la perfilada por los miembros del Federal Open Market Committee (FOMC) en septiembre.
En cambio, en la zona euro y hasta las últimas declaraciones de Draghi, las bolsas no habían recuperado los niveles previos a la corrección, con lo que el gap frente a la renta variable de Estados Unidos ha continuado abriéndose. Pese a que el BCE ha arrancado su nuevo programa de compra de deuda respaldada por activos, las perspectivas económicas en la eurozona se mantienen débiles (el PIB creció un 0,2% trimestral en el tercer trimestre de este año) y en el mercado existe la sensación de que si no se amplía la gama de activos susceptibles de ser comprados (bonos corporativos, y sobre todo, deuda pública), es muy difícil que se llegue al billón de euros de incremento en el balance del que ha hablado el presidente del BCE.
En los países emergentes, el hecho de que la economía china se esté desacelerando muy lentamente y salvaguardando crecimientos por encima del 7% (7,3% en el tercer trimestre), ha seguido sirviendo de sostén a las bolsas asiáticas, en contraste con el comportamiento más débil de la renta variable en la Europa emergente, lastrada por la debilidad de Rusia y sus fuertes lazos con la Eurozona, y en Latinoamérica, ante la revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento en Brasil, y un entorno exterior menos favorable, dada la reducción del precio de las materias primas.
La visión que transmite la renta variable acerca de los mercados emergentes es compartida por la renta fija, de manera que el Indicador de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) apenas se ha relajado en las últimas semanas, y los diferenciales de crédito en Asia están resistiendo mejor frente a los mayores incrementos en la Europa emergente y Latinoamérica.

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