El Popular decide ponerse al día

Dice el refranero español que más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo y esa máxima parece haber sido la elegida por el presidente del Popular, Angel Ron, que, tras años navegando por terrenos algo pantanosos y con problemas de lectura en su compás magnético, ha decidido abordar un proceso de saneamiento o reestructuración, que busca dejar al banco hecho una patena, aunque ello haya levantado todo tipo de suspicacias en ciertos ambientes financieros, sobre si lo que se busca con esa operación es un cambio de look ante una posible opa, fusión o absorción.
Al calor de una compleja crisis en su Consejo de Administración, cuyo epicentro se sitúa en sus socios mexicanos -4% del capital-, el histórico Banco Popular parece haberse decidido a terminar, de una vez por todas, con una retahíla de valoraciones negativas que le han acompañado durante los últimos años y cambiar todo lo que no se ajusta a lo que se considera que va a ser el futuro e iniciar una nueva etapa. Y ello le obliga a desembarazarse de la pesada carga inmobiliaria, valorada en 15.000 millones de euros, antes de 2018 y que hasta ahora representa su mayor debilidad en la cuenta de resultados, a cambiar a su consejero delegado, a reducir su plantilla de forma drástica, a cerrar oficinas y a afilar la tijera de los gastos.
Ron ha decidido así adelantarse a las palabras del presidente de la European Banking Authority (EBA), Andrea Enria, que recientemente insistía en la necesidad de reducir los activos improductivos para mejorar la rentabilidad del sector y para ello nada mejor que acelerar la venta de carteras en el mercado mayorista, para lo cual recomendaba al BCE el establecimiento de objetivos cuantitativos a las entidades, mejorar el marco jurídico-contable y desarrollar un mercado secundario de créditos dudosos.
No son buenos tiempos para la banca, no solo en España, sino en la UE y el futuro pasa ineludiblemente por hacer grandes esfuerzos en busca de las más altas cotas de rentabilidad y de solvencia y hasta el propio presidente del BCE Draghi ha advertido, en voz alta, que hay demasiados bancos en Europa y que los “bajos tipos de interés tienden a presionar los márgenes de interés netos debido a la rigidez a la baja en las tasas de depósito de los bancos”.
Con este panorama, no cabe sino celebrar la decisión del Popular, única entidad española que, junto con banco Santander, no ha recibido tipo alguno de ayudas estatales, como ha ocurrido con el resto de las cajas y bancos españoles que se han aprovechado de una u otra manera de las prebendas del Estado.
Tras la última ampliación de capital y sus medidas de reestructuración y saneamiento, el Popular ha tomado la iniciativa y enseñado el camino a buena parte del sector y todo parece indicar que su papel no va de pieza cobrada sino de banco dispuesto a hacer caso a Draghi y buscar una pieza a cobrar, que muy bien podría ser una de las cajas de ahorro todavía existentes y ligada a la comunidad valenciana.
La otra alternativa, la de ser objeto de deseo por parte de algún colega nacional o internacional, nunca hay que desecharla, aunque por su valor en libros no parece ser una pieza al alcance de cualquiera.
Los mercados, a la postre, son los que han obligado al Popular a moverse y del éxito de la reestructuración emprendida depende que el banco deje de ser el farolillo rojo en rentabilidad bursátil, aunque ello no deja de ser un problema, que poco tiene que ver con la capacidad y el expertise de la entidad de hacer banca y de ello da fe el hecho de que el negocio bancario de toda la vida le aporta unos beneficios netos de 400 millones de euros sobre un margen de explotación de 2.000 millones.

Post-it
Margen de explotación.-
Diferencia entre los ingresos de explotación y los costes de explotación. En el caso de las entidades de crédito, diferencia entre el margen ordinario y los costes de explotación.

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