La revitalización mundial adolece de vigor

La economía mundial ha registrado en el tercer trimestre una moderada aceleración, especialmente en las economías avanzadas, reafirmando el mejor tono apuntado en el segundo trimestre del año. Sin embargo, si dejamos al margen Estados Unidos, Reino Unido y México, los resultados del trimestre han sido, de nuevo, un tanto decepcionantes.
El crecimiento global sigue siendo modesto en su conjunto, sobre todo a la vista de la clara infrautilización de recursos y el apoyo de una política monetaria muy expansiva, unas condiciones financieras más distendidas y una política fiscal que dejó de ser contractiva hace ya varios trimestres (salvo en Japón y algunos emergentes).
En estas condiciones, los mercados han abundado en tres ideas: el legado de la crisis, en particular el endeudamiento privado y público, sigue pesando sobre la recuperación; el crecimiento potencial a medio plazo se ha reducido sustancialmente en los últimos años, y la respuesta de política económica no es la más adecuada, muy especialmente en la Eurozona.
Estas condiciones, unidas al descenso del precio de las materias primas –en particular del petróleo- han conducido a una caída de las expectativas de inflación a corto y medio plazo en las economías avanzadas, a un retraso en el momento esperado para el inicio del proceso de subidas de los tipos de interés de la Fed y el Banco de Inglaterra, a una caída de las rentabilidades de la deuda a largo plazo que en EEUU se sitúan en niveles pre-tapering y a una corrección de los mercados.
Las presiones inflacionistas también han remitido en general en las economías emergentes, reduciendo la presión sobre los bancos centrales que aún en algunos países podría llevar a algún recorte adicional de tipos.
El escenario central de los analistas de referencia apunta a una gradual mejora de la actividad en las economías avanzadas (incluso en la Eurozona de forma más lenta) y en las emergentes en próximos trimestres.
Sin embargo, los riesgos se inclinan a la baja con una intensidad semejante, si no superior a la de los últimos meses. Por un lado, los mercados, a pesar de una cierta corrección en las bolsas, primas de riesgo y volatilidades, siguen mostrándose un tanto complacientes ante una coyuntura económica aún compleja; por ejemplo, la intensidad de la recuperación, el tamaño del output-gap y el crecimiento potencial a medio plazo están sujetos a una incertidumbre considerable en las economías avanzadas. Esto puede dar lugar a reacciones de la Fed más duras a las descontadas en los mercados.
Por otro lado, el riesgo de estancamiento e incluso de deflación en la Eurozona sigue vivo y las medidas del BCE podrían resultar insuficientes, sobre todo si no se ven acompañadas de un QE y de medidas de naturaleza fiscal por parte de los Gobiernos.

Post-it
Cuando la Fed deje de comprar activos financieros el próximo mes de noviembre, en su balance habrá activos por más de 4 trillones estadounidenses de dólares. En otras palabras, la Reserva Federal habrá gastado en estas adquisiciones casi cuatro veces más dinero de lo que genera la economía española en cuatro años.
Si la próxima reunión de la Fed así lo determina, en un mes finalizarán los programas de alivio cuantitativo (QE) que han estado apoyando la economía norteamericana desde la última crisis económica y la gran pregunta es si la recuperación norteamericana es lo suficientemente sólida como para continuar sin muletas, teniendo en cuenta que la mayor parte del dinero que ha ido a la bolsa en estos años procedía de la máquina impresora de la Reserva Federal estadounidense.

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