La repentina marcha de Alierta

A punto de cumplir los 71 años, viudo desde el 5 de abril del pasado año, tras casi 16 en la presidencia de Telefónica y 20 sentado en su Consejo de Administración, Cesar Alierta Izuel ha decidido abandonar el gobierno de la multinacional española, en un movimiento que la mayoría de analistas consideran natural, pero que no está exento de connotaciones profesionales y políticas, todo ello trufado y salpicado por un proceso judicial en el que se investiga la participación de Telefónica y Lazard en el caso Rodrigo Rato, impulsor directo del ascenso de Alierta a la presidencia cuando era vicepresidente segundo del gobierno y ministro de Economía con Aznar.
La marcha de Alierta, que permanecerá en el Consejo de Administración de Telefónica y en la fundación de la compañía, reduce la media del índice gerontocrático de los grandes empresarios españoles, sensiblemente reducido tras la desaparición de Emilio Botín (79) e Isidoro Álvarez (79) y el abandono de Amancio Ortega (78), aunque la medida sigue siendo elevada debido a la permanencia de líderes empresariales como Isidre Faine (73), Juan Miguel Villar Mir (84), Francisco González (71), José Lladó (81) o Salvador Gabarró (80).
Se va Alierta eligiendo a su sustituto, que es un lujo que no todo el mundo se lo puede permitir y éste, Álvarez Pallete, director de operaciones (COO), es un valor seguro y con un perfil “digital”, que asegura el rumbo futuro del negocio, aunque en sus manos queda más de una patata caliente, como es el caso de la venta de O2 que está siendo analizada por la Comisión Europea y cuya decisión se espera para el 19 de mayo. Esta operación, por la que Telefónica recibiría unos 14.000 millones de euros, es clave para la compañía ya que de ella dependen, no solo cumplir con el compromiso de pago de un dividendo en efectivo de 0,75 euros por acción, sino reducir la más que considerable deuda y así eludir el riesgo de bajada de rating (actualmente Baa2/BBB/BBB+).
Por otro lado, el nuevo presidente deberá enfrentarse al debilitamiento de Latinoamérica, especialmente de Brasil, puesto que el 52% de los ingresos de la compañía proceden de esta región.
La evolución de Telefónica durante la presidencia de Alierta ha sido profunda y de ello da fe el desarrollo internacional de la compañía. Durante su presidencia, Telefónica ha extendido su presencia a más de 20 países, ha incrementado notablemente su número de clientes, desde 68 a más de 322 millones, y se ha convertido en una compañía fuertemente diversificada. Así, mientras que en el año 2000 más del 50% de los ingresos de Telefónica procedía de fuera de España, en 2015 la cifra se eleva al 74%, al tiempo que el 87% de los accesos proceden también de países distintos de España.
El nombramiento de Alierta en sustitución de Villalonga supuso un cambio importante para Telefónica, algo que constata algún analista al señalar que “la compañía logró cambiar un modelo de negocio, apoyado en las excentricidades de Villalonga con respecto a la burbuja de las punto.com, y pasar a un modelo más sólido”.
Alierta, impulsor del Consejo Empresarial para la Competitividad, se va, pero continúa en el consejo de administración de la sociedad y como presidente de la Fundación Telefónica. Hasta el momento, es el principal accionista del Consejo con el 0,106% del capital (52 millones de euros), frente a los 5,4 millones de su sucesor.
En su última comparecencia para presentar resultados, el hasta ahora presidente dejó clara su preocupación, casi obsesiva, por el futuro de las telecomunicaciones e internet. La digitalización de contenidos, su transmisión y comercialización, así como el desarrollo de la tecnología necesaria, eran las prioridades de la compañía. Y habrá que convenir que liderar ese proceso con 71 castañas no debe ser tarea fácil.
Se esperaba la despedida de Pedro J. Ramírez, director del digital El Español, uno de los enemigos públicos declarados de Alierta desde su paso por Tabacalera y en ese medio se publicó un análisis de Daniel La Calle que, citando a Bloomberg, se deslizan valoraciones a tener en cuenta.
La primera, que la rentabilidad para el accionista ha sido muy pobre y que muestra una caída neta -rentabilidad incluyendo dividendos brutos- del 2,77% desde la llegada de Alierta, lo cual compara desfavorablemente tanto con el Eurostoxx (que subió un 3,33%) como con el Ibex (que en el mismo periodo subía un 63,9% incluyendo dividendos).
“Si a eso añadimos- señala La Calle- el alto endeudamiento contraído y la baja rentabilidad de las inversiones, no es sorprendente que la comunidad inversora dude de la sostenibilidad de un dividendo ópticamente alto. La generación de caja por operaciones ha caído un 31% mientras que la caja libre se reducía a la mitad en ocho años”.
Junto con otros analistas, conviene en señalar que todo ello no era un problema que se circunscribiera a Telefónica, ya que la mayoría de sus competidores europeos como Portugal Telecom, Deutsche Telecom, Telecom Italia y France Telecom, han sido fuente de crítica generalizada por sus pobres resultados, malas adquisiciones a precio de oro y alta deuda. “Máquinas de destruir valor a través de malas inversiones y adquisiciones caras y decepcionantes. Enormes monstruos burocráticos con una bajísima rentabilidad sobre el capital empleado, embarcados en adquisiciones rentistas para encontrar algo de crecimiento que nunca llegaba”.
La cotización de Telefónica ha vivido altibajos durante los 16 años de César Alierta al frente de la compañía, aunque actualmente cotiza por encima de los 9 euros, muy lejos de los 22,66 euros a que cerró el 26 de julio de 2000, cuando el aragonés accedió al cargo. Con todo, el mercado la ha tratado tradicionalmente mejor que a sus competidoras.
Son las luces y las sombras de la gestión de Alierta, quien llegó a la empresa más grande de España, con una capitalización superior a los 77.000 millones, que doblaba a la segunda y tercera: Santander y BBVA. Ahora, vale menos de 50.000 millones y es la tercera por capitalización en España, por detrás de Santander (57.500 millones) e Inditex (92.500 millones). Además, Telefónica figura entre las empresas más endeudadas, con cerca de 56.000 millones de deuda que absorben una gran cantidad de recursos en intereses.
Su marcha es la consecuencia de alguien que, como él, tenía las ideas claras y una de ellas era que Telefónica necesitaba aire fresco para volver a despegar. La compañía se enfrentará en los próximos años a uno de sus mayores retos, la nueva era digital que absorberá a Telefónica y otras ‘telecos’. A sus casi 71 años, muchos entendían que Alierta ya no contaba con el aire suficiente para un reto de semejante envergadura.
Pese a la extraordinaria expansión de la firma, no se puede olvidar el fiasco de las ‘puntocom’, hasta el punto de que Telefónica fue la primera en reconocer que lo pagado por las licencias UMTS en Europa ya no tenía ese valor. Terra también fue un fracaso para la compañía. Además, la evolución de las nuevas tecnologías ha sido un hándicap en contra de las grandes ‘telecos’ europeas.
Su bestia negra fueron las famosas OTT (Google, Facebook, Twitter, Amazon) a las que acusó en más de una ocasión de no pagar impuestos, “usan nuestras redes sin pagarnos y llegan a los mismos clientes (…) y mientras ellas invertían 30 millones de euros, nosotros 75.000 millones (…) Esto es una cosa que un niño de 14 años no lo entendería, pero los reguladores no lo acaban de ver”.
Tenía para todos y algunos sindicatos minoritarios no se libraron de su ácida crítica: “viven en un mundo imaginario de Telefónica que no existe y cada vez representan menos, ¿por qué?; yo se lo voy a explicar: porque si ustedes fueran el representante mayoritario de Telefónica, Telefónica habría desaparecido”.
La marcha de Alierta no es ajena a la situación política que vive España y que le daba poco margen de supervivencia, como lo demuestra la historia de Telefónica y la del propio Alierta que han estado ligadas al poder político y así hay que entender su nombramiento durante el gobierno Aznar como hombre de Rato y los numerosos “fichajes” durante su etapa: Rodrigo Rato, Manuel Pizarro, Yolanda Barcina, Javier de Paz, Iñaqui Urdangarin, Javier Zaplana, Narcís Serra, Alberto Aza, Trinidad Jiménez…

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