La política monetaria, factor clave en el crecimiento de la Eurozona

La economía de la Eurozona creció en 2015 un 1,5%, como resultado de un pujante aumento del PIB de España (3,2%), junto con modestos crecimientos de Alemania, Francia y, especialmente, Italia, con alzas menores en el último trimestre y de recesiones, como las experimentadas por Grecia y Finlandia. A resaltar, aunque no se conocen los datos del último trimestre del año, el crecimiento de Irlanda que alcanzaba un 6,8% al término del tercer trimestre.
A la vista de los riesgos externos, el consumo privado sigue siendo el principal motor de la recuperación europea y, mientras la caída del precio del petróleo, unas favorables condiciones de financiación y unos niveles bajos del tipo de cambio del euro, son factores influyentes en el crecimiento, presente y futuro, en las economías de la Eurozona, la desaceleración del crecimiento en China y otras economías emergentes, la debilidad del comercio mundial y la incertidumbre geopolítica, limitan las expectativas del crecimiento de los 19 países miembros de la zona euro.
Aunque los resultados reflejan de forma genérica una cierta debilidad de la economía de la Eurozona, los analistas cercanos al BCE se apresuraban a apuntar la recuperación como un éxito de la política monetaria del organismo, cuyo papel se ha demostrado crucial en la mejora europea, gracias a las inyecciones de liquidez, la tasa de depósito negativa y el bajo tipo de refinanciación mantenido, medidas que están contribuyendo a la depreciación del euro y a favorecer unas condiciones financieras muy acomodaticias, que constituyen dos de los tres principales factores identificados por la Comisión Europea como base para el crecimiento europeo.
Con lo que no puede el BCE es con las bajas tasas de inflación, impulsadas por la caída del crudo, aunque el descenso del precio sea positivo para el crecimiento, lo que hace aventurar a los analistas de referencia que la inflación se va a mantener en torno al 0% en el primer semestre de 2016, e incluso podría situarse en valores negativos.
Como sea que la inflación se le resiste al BCE, como lo demuestra el hecho de que se ha mantenido en torno al 0% en los dos últimos años, y que el contexto de riesgos a la baja sobre la actividad económica es alto, el organismo presidido por Draghi lanzaba, al finalizar su reunión de enero, un mensaje claramente bajista de sus perspectivas, por lo que no se pueden descartar más medidas a partir de marzo, como puedan ser un nuevo recorte del tipo de la facilidad de depósito o la extensión del programa de compra de activos, a pesar de que la QE puede tener un impacto marginal decreciente.
Mientras tanto, la Reserva Federal de EEUU se debate en torno a subir o no, nuevamente, los tipos de interés, aunque su presidenta Yellen ha empezado a admitir, tras muchas semanas de silencio, que las turbulencias en los mercados financieros pueden suponer un lastre para la marcha de la economía y ésto podría aminorar el endurecimiento de la política monetaria.

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