La banca española inicia su ajuste final

La baja rentabilidad en un entorno de reducidos márgenes, como consecuencia de unos tipos de interés en mínimos históricos, la ausencia de una demanda de crédito solvente y amplia, las exigencias regulatorias que piden cada vez más capital y el exceso de capacidad instalada, configuran un escenario que anuncia una severa reestructuración en el sector bancario español y europeo que, en el caso de España, obligará a rematar la consolidación del sector, ya emprendida en los últimos años, lo cual tiene su trascendencia en un país tan bancarizado.
El Santander ha sido el primero en agarrar el toro por los cuernos, pero no el único, al anunciar el cierre de 425 de sus oficinas a lo largo de 2016, un 12% de las 3.467 oficinas que tiene en España. Y con ello, el inevitable recorte de personal.
Días después, era el BBVA quien, a través de su consejero delegado, Torres Vila, reiteraba que, con las nuevas tecnologías, no tiene sentido mantener una red en España de más de 3.800 sucursales, cuando se podría hacer lo mismo con 1.000, enfatizando que “a largo plazo” le sobrarán tres de cada cuatro de sus sucursales españolas.
Son las dos entidades que tienen un futuro asegurado, debido a una cuenta de resultados que tiene su origen en una fuerte presencia en mercados exteriores como América Latina, Reino Unido, Turquía o Polonia y las que tienen un futuro menos pesimista debido a su tamaño. A partir de ahí, se complica más la situación para el resto.
Con un euribor a doce meses en negativo por primera vez en la historia, lo que se traducirá en una reducción del diferencial de los préstamos hipotecarios y una creciente dificultad de la banca española para hacer negocio en España, la única solución que tienen los miembros del sistema financiero español es ajustarse, reducir costes y mejorar la eficiencia y la productividad. Porque lo cierto es que la banca doméstica, en muchos casos y en lo que se refiere al negocio puro bancario, lleva trabajando a pérdidas desde hace muchos meses y esa situación no es sostenible.
Ante ese panorama, ni siquiera el cierre de oficinas parece suficiente y nuevas fusiones bancarias se presentan inevitables, ante la dificultad de los bancos para mejorar sus márgenes en un contexto de tipos de interés cercanos a cero.
Así lo entiende la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) que en un reciente informe estima que fututas fusiones entre bancos para afrontar la reducción del negocio, acentuarán los ajustes sufridos por el sector financiero durante la crisis, llegando a afirmar que los recortes adicionales ante el nuevo panorama implicarán el cierre de unas 3.000 oficinas y supondrá una reducción de plantilla de 14.688 empleados hasta 2019.
Desde que estalló la burbuja inmobiliaria y comenzó la recesión económica en 2008, la banca española ha cerrado un tercio de la red de oficinas en funcionamiento, pasando el número de sucursales bancarias de 46.167 a unas 31.429 a finales de 2015.
En concreto, en el informe elaborado por la Fundación, se recuerda que desde 2012 a 2015 el número de sucursales se redujo de 37.903 a 31.021 cuando las plantillas se rebajaron desde los 231.389 a 194.688, incluyendo prejubilaciones. Ahora, la nueva vuelta de tuerca en busca de rentabilidad reducirá la plantilla hasta situarla en los 180.000 empleados y acotará la red a unas 28.000 oficinas.
Sobre el escenario, una amalgama de entidades grandes y pequeñas en busca de soluciones, con la idea clara y determinante de que no será posible, en ningún caso, la supervivencia de todas y cada una de ellas, en la medida en que, pese a que cada una tiene una casuística distinta, el mercado doméstico está en vías de agotamiento y no da para todos.
De entre todas ellas, sobresale Caixabank, que pese a contar con más de 5.000 sucursales y una necesidad de internacionalización razonablemente perentoria, no parecen tener en sus planes cerrar oficina alguna, ya que están convencidos de que en el mercado bancario falta servicio y atención personalizada a los clientes.
De ser así sería el único caso conocido que no acepta el hecho de que las actuales estructuras comerciales y de personal fueron diseñadas en los buenos tiempos en que el crédito crecía al 16-18% y esas ratios hoy no dejan de ser un mal recuerdo.
Quizá por ello, recientemente, la dirección de Caixabank convocaba a los sindicatos para ofrecerles un plan de prejubilaciones voluntario para unos 500 trabajadores de 58 años o más en una suerte de “programa de desvinculación voluntaria incentivada”.
Los analistas en esto son determinantes y para ello se basan en la capitalización de las entidades, como consecuencia de la rentabilidad sobre recursos propios y que apenas alcanza el 5%, tres veces menor a la de 2008.
Todo ello conforma un terreno abonado para que crezca la incertidumbre sobre el futuro, que se refleja en la caída experimentada en el Ibex 35 por los bancos y que indica que, de media, los mayores bancos españoles están cotizando por debajo de su valor contable.
Así las cosas, el mercado inmobiliario de chaflanes y locales comerciales en las mejores zonas de los municipios españoles está llamado a experimentar una profunda metamorfosis, a medida que los bancos y las cajas que quedan vayan cerrando oficinas.

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