El BCE dispuesto a llegar hasta el final para recuperar inflación

El BCE parece dispuesto a llegar hasta donde sea menester para tratar de que la inflación en la eurozona converja hacia su objetivo -2 por ciento- de forma sostenida y para ello una pieza clave -junto con los tipos negativos y las operaciones de financiación en funcionamiento- de la política monetaria expansiva del BCE es el programa de compra de deuda que contempla que el BCE compre 80.000 millones de euros de deuda hasta marzo de 2017.
Aunque la naturaleza del programa es abierta, dada la persistentemente baja inflación general, el estancamiento de la subyacente y las débiles perspectivas al respecto de mercados y agentes, parece evidente que el BCE tendrá que, al menos, mantener el grado de estímulo de su política. De lo contrario, el fin del programa de compras en marzo supondría un repunte de las rentabilidades de la deuda y un endurecimiento de las condiciones financieras.
Con la incertidumbre creada por el referéndum en Reino Unido y su potencial impacto económico, el 8 de septiembre se presentaba como una buena ocasión para anunciar la extensión del programa, aunque el escaso impacto reflejado en los datos publicados hasta el momento podría hacer que el BCE esperara hasta diciembre.
En cualquier caso, una vez tomada la decisión, el BCE tendrá también que decidir cómo afronta el problema de la escasez de bonos disponibles, en especial alemanes. El BCE ha incidido en la flexibilidad de las condiciones del programa y dispone de varias opciones con las que afrontar el problema: retirar la referencia a la clave de capital en la distribución de compras por países; mover los límites de porcentaje de compras máximo por emisión/emisor, o modificar el umbral mínimo de rentabilidad, cada uno de ellos con sus retos técnicos, institucionales o políticos que el BCE tendrá que ponderar.

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