A modo de despedida

Hace poco más de ocho años, coincidiendo con la quiebra de Lehman Brothers, nacía Tendencias del Dinero con la poco original idea de tratar de explicar -en lenguaje asequible- no solo el origen de la gran crisis económica y financiera que ha hecho temblar las estructuras del sistema capitalista, sino de analizar las consecuencias y las medidas que se han adoptado para restablecer el orden mundial, algo que, al día de hoy, no se ha conseguido plenamente.
A lo largo de 373 semanas y a través de más de 2.100 piezas de análisis, Tendencias del Dinero ha buscado trasladar a un heterogéneo número de destinatarios, no necesariamente todos versados en economía, los aciertos y los errores de las acciones emprendidas para resolver la crisis y las consecuencias que de ella se han desprendido y que han afectado a un amplísimo segmento de la población mundial.
Hoy, la aventura periodística toca a su fin y solo resta agradecer a unos generosos suscriptores su apoyo incondicional para mantener vivo un proyecto que dice adiós con el sentimiento de que, al menos en España, la crisis no ha servido para dar la vuelta a un modelo económico que, acuciado posiblemente por problemas más urgentes, mantiene intactos los mismos vicios que hace una década.
Ahí quedan, a la espera de tiempos mejores, reformas como las de la Educación, la Universidad o la Fiscal, que son las que pueden cambiar realmente la economía de un país si de lo que se trata no es solo de crecer en cantidad, sino de alcanzar un nivel de desarrollo que permita a España situarse entre los grandes países del mundo.
Y ello por no hablar del estado en que se halla ese mundo de la I+D+i, pieza básica de cualquier país que se precie y que ha visto reducir su peso, más allá de lo que hubiera sido deseable o de la siempre necesaria reindustrialización que hace exclamar a muchos nostálgicos del pasado que Franco hizo más por la industrialización de España que los sucesivos gobiernos de la Democracia por su reindustrialización.
En todo caso, España ha hecho muchos de deberes, gracias, en ocasiones, a que su pertenencia a la Eurozona obliga y entre ellos merece una mención especial la reestructuración de su sistema financiero, por no decir de sus cajas de ahorro, aunque al día de hoy, los ciudadanos sigan esperando que los responsables del latrocinio –instancias oficiales incluidas- purguen por sus tropelías y desmanes.

Carlos Díaz Güell
Editor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *